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Gobierno que regirá al mundo entero.

      Jesús les presentó el caso en forma por demás clara. Les explicó que el Reino de Dios no sería un reino local, o limitado sólo para los judíos. No sería meramente uno de los muchos reinos humanos visibles, al cual los hombres pudieran señalar o ver, y decir: "Helo aquí"; o "ese es el Reino", sino que, según lo dijo claramente a Pilato (Juan 18:36-37). Él había nacido para ser Rey de ese Reino. La Biblia emplea los términos "rey" y "reino" alternativamente (vea Daniel 7:18-18, 23). Entonces el REY del futuro reino, era y estaba allí sentado en medio de ellos. Y según el lenguaje en que les habló, eso es precisamente lo que Él dijo.

     Jesús prosiguió en los siguientes versículos, para describir su segunda venida, cuando el Reino de Dios gobierne TODA LA TIERRA. Tanto en Lucas 17:24 como en Mateo 24:27. Él se refiere al relámpago para describir su segunda venida en calidad de GOBERNADOR de toda la tierra. Versículo 26—como ocurrió el diluvio en los días de Noé, así será de súbito el retorno de Cristo con poder y gran gloria, para reinar sobre el mundo. Versículo 30—el día en que Él se manifieste.

     Huelga decir que Jesús no afirmó que el Reino de Dios estaba dentro de aquellos hipócritas fariseos que le odiaban. Ni tampoco indicó que la Iglesia sería el Reino.

      Continuemos ahora con los otros pasajes, y el asunto quedará ACLARADO de un todo.

      Jesús inequívocamente expresó que aquellos fariseos no estarían en el Reino de Dios. A ellos les dijo: "Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis (vosotros fariseos) a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios" (Lucas 13:28-29).

     El Reino de Dios es algo al que los hombres pueden ENTRAR--¡cuando ocurra la resurrección de los justos! Sin embargo, Abraham no está allí todavía (vea Hebreos 11:13, 39-40).

Aún no ha aparecido

     Pero alguno preguntará: ¿No dijo Jesús que el Reino de Dios "se había acercado"? Sí, ciertamente. Citamos eso al principio de este folleto, tomado de Marcos 1:15. Esto naturalmente guía a algunos a equivocar lo que Él dijo, y el sentido de sus palabras, suponiendo que el Reino de Dios se manifestó y fue establecido durante el ministerio de Jesús, por lo que muchos piensan que el reino era la Iglesia.

     Pero Jesús no dijo que el Reino de Dios había sido establecido, sino que a partir de entonces el Reino empezó, a predicarse o anunciarse (Lucas 16:16). Él no dijo que ya estaba aquí. Jesús mismo corrigió esa falsa noción. ¿Quiere leer eso EN SU PROPIA BIBLIA? ¿Creerá entonces a Jesucristo—o le llamará embustero y seguirá creyendo las tradiciones de los hombres llamadas "cristianas"? ¿Creerá SU BIBLIA?

     Nótelo—léalo en su propia Biblia: "Oyendo estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto…ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente" (Lucas 19:11). ¿POR QUÉ pronunció Jesús esta parábola? Porque algunos, aun entonces, erróneamente pensaron que el Reino habría de manifestarse inmediatamente--¡porque algunos pensaron que éste sería la IGLESIA!

     Continúe leyendo: "Dijo pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver" (versículo12). Cristo es ese "hombre noble". Él hablaba de su ascensión al trono de Dios, su Padre, que está en los cielos. Note que fue allá para recibir autoridad de dirigir el reino—para recibir autoridad de dirigir el reino para recibir un reino. Note, también, que Él tiene que volver cuando lo haya recibido. ¡Pero Él no ha retornado aún! Otros pasajes de la Escritura explican esto claramente. Los mencionaremos más adelante.

     Pero continuemos: "Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros". Las 12 tribus de Israel originales se dividieron en DOS naciones inmediatamente después de la muerte del Rey Salomón. La nación de Israel rechazó a Roboam, hijo de Salomón, y puso a Jeroboam como rey. Ellos hicieron de la ciudad de Samaria su capital. Pero la tribu de Judá se separó de Israel, as fin de retener a Roboam como rey, y Jerusalén como su capital. Luego la tribu de Benjamín se unió a ellos y también muchos de los levitas. El reino del norte vino entonces a conocerse como las DIEZ TRIBUS.

     Ahora Jesucristo había nacido de la tribu de Judá. La promesa del "cetro"—o sea la tribu real, de la que el Mesías había de nacer—fue dada por Dios a Judá. En consecuencia, cuando se declara que Cristo "vino a los suyos y los suyos no le recibieron", la escritura habla de la venida de Él a los judíos del reino de Judá, que habitaban entonces en Palestina, con su capital todavía en Jerusalén, Para ese entonces ya las DIEZ TRIBUS habían emigrado de la cautividad asiria hacia el noroeste a través de Europa. Estaban ya muy alejadas, habían perdido su identidad, y hablaban una lengua diferente. Para esa fecha ya habían pasado 700 años después de su cautividad y traslado del norte de Palestina.

No era lenguaje eclesiástico

Por lo tanto, los ciudadanos nobles que le rechazaron fueron los judíos que se hallaban en Jerusalén y los habitantes de Palestina. Y note que Jesús está hablando aquí acerca de un reino que es un gobierno literal. Sus ciudadanos no le aceptaban como rey—se negaban a permitir que REINARA sobre ellos. Esa no es terminología ECLESIÁSTICA--¡es lenguaje de un gobierno civil!

     De manera que viene a ser bien claro que los diez siervos de la parábola, a quien Él entregó las diez minas, representaban las DIEZ TRIBUS que llegaron a conocerse como las diez TRIBUS PERDIDAS. Después de que los judíos rechazaron a Cristo, Él envió sus apóstoles originales a las "ovejas PERDIDAS de la CASA DE ISRAEL"—y el término "Casa de Israel" siempre aplica, después de la división, a las diez tribus que componían el reino de las diez tribus—nunca al reino de Judá, o, como se le llama a menudo, la Casa de Judá.

      Continuando la parábola, que fue dicha porque algunos pensaron que el Reino de Dios se manifestaría entonces, en el primer siglo: "Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno" (versículo 15). Cuando Él retorne, todos seremos llamados delante de la Silla de Juicio de Cristo--¡a rendir cuentas!

     El versículo 17 nos dice que al que ganó diez minas le fue dada autoridad para GOBERNAR CIUDADES--¡"tendrás autoridad sobre diez ciudades"! Al que ganó cinco minas le dijo: "Tú también sé sobre cinco ciudades".

     Aquí está refiriéndose a la SEGUNDA VENIDA DE CRISTO—y a la delegación de la autoridad para gobernar que conferirá a los santos convertidos durante esta era cristiana, entre la primera y segunda manifestación de Cristo sobre la tierra.

     Esta parábola, por lo tanto, fue dicha para exponer claramente ante nuestros ojos que el Reino de Dios es un GOBIERNO literal que será establecido a la SEGUNDA VENIDA DE CRISTO--¡y no antes! La IGLESIA, pues, no puede ser el Reino de Dios, sino que la verdadera Iglesia de Dios ha de ser transformada, mediante una resurrección y cambio instantáneo de mortal a inmortal, EN el Reino de Dios. La Iglesia, cuando todos sus miembros hayan sido cambiados a inmortalidad, VENDRÁ A SER el Reino de Dios. ¡Pero ésta no es ahora el Reino!

Los santos gobernarán

     Vea ahora cómo recibe Cristo la autoridad para GOBERNAR el Reino. Él es el hombre noble que fue al cielo a recibir esta dignidad real, y volver.

     Ya vimos como el profeta Daniel consignó en el libro que lleva su nombre el establecimiento del Reino de Dios—a la venida de Cristo—para consumir todos los gobiernos nacionales que actualmente rigen la tierra y establecer el Reino mundial de Dios. Eso quedó registrado en el capítulo dos.

     Leamos ahora el capítulo siete: "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre (Cristo) que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él" (versículo 13). Jesús continuamente se llamó a sí mismo el "Hijo de hombre", según lo vemos en los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Cristo ascendió al cielo en las nubes (Hechos 1:9) . Ascendió al trono mismo de Dios que está e los cielos (Marcos 16:19). Pero continuemos leyendo: "Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido" (Daniel 7:14).

     ¡Eso está muy claro! Cristo ascendió al trono de Dios en los cielos. Dios es Soberano sobre el universo entero. Esta visión muestra a Dios Todopoderoso, Padre del resucitado y viviente Cristo, confiriéndole dominio. Dominio significa soberanía o suprema autoridad gubernamental. También le fue dado a Él "un reino". ¿Dónde habrá de estar ese reino? Dice: "y reino para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran". Los pueblos y las naciones y las diferentes lenguas, están aquí sobre la tierra. A Él le es dado dominio sobre TODAS LAS NACIONES--¡la tierra entera!

"HASTA", importante palabra

     Ahora lea en su propia Biblia, Hechos 3:21. Dice que los cielos han recibido a Jesús HASTA—no permanentemente, sólo hasta cierto tiempo. ¿Hasta cuándo? Hasta los tiempos de la RESTAURACIÓN de todas las cosas. Restauración significa restablecimiento a la previa condición o estado. Restablecimiento del régimen que había sido substituido por otro. Habla de restaurar las leyes y el gobierno de Dios—de restaurar la felicidad y la PAZ universal.

     En este capítulo 7 de Daniel, el profeta describe el sueño y las visiones que había experimentado. Había visto cuatro bestias. Lea desde el versículo 16, la interpretación empieza en el versículo 17. Es la inspirada interpretación de Dios—no la mía: "estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el REINO hasta el siglo, eternamente y para siempre" (Daniel 7:17-18).

    ¡NOTE ESO! No solamente Cristo ha de gobernar—sino que también los santos—es decir, verdaderos cristianos convertidos—aquellos que son engendrados hijos de Dios—han de tomar y poseer el reino. Ellos gobernarán bajo las órdenes de Cristo y con Cristo. ¡En el Nuevo Testamento está consignado que los santos convertidos son coherederos con Cristo!

     EN el mismo capítulo 7, Daniel describió otro poder. La cuarta bestia de su sueño—el cuarto Imperio—el Imperio Romano, fue representado como una bestia con diez cuernos descrito aquí y en Apocalipsis 13 y 17 como las diez resurrecciones o resurgimientos del Imperio Romano, después de su caída original ocurrida en el año 476 A.D. Pero entre éstas—después del año 476 de la era cristiana—se levantó otro cuerno pequeño—un reino religioso, de hecho gobernando sobre los últimos siete de los otros "cuernos" o resucitados reinos romanos (versículo 20).

     Lea ahora lo concerniente a este "cuerno pequeño"—el reino religioso—versículo 21: "Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, HASTA (note ese otro "HASTA") que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino".

     Los santos—que para entonces ya no serán carne y sangre, sino seres inmortales—han de poseer el reino a la segunda venida de Cristo.

     Jesucristo dice eso de manera bien clara. Es Cristo quien habla en el Apocalipsis 3:21, y en 2:26-27: "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono". El trono del Padre está en el cielo—donde se halla Cristo ahora; pero el trono de Cristo, en el cual se habrán de sentar los santos juntamente con Él, es el trono de David, en Jerusalén (Lucas 1:32).

     Dice además: "Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro".

No se puede saber el TIEMPO

   Después de su resurrección, cuando se hallaba en el Monte de Olivos, a la hora misma de su ascensión, Jesús estaba explicando a sus discípulos cómo recibirían ellos el PODER inspirador del Espíritu Santo que les engendraría de Dios, en el día de Pentecostés que ya se aproximaba.

     Sus discípulos querían saber si el Reino de Dios había de ser establecido en ese entonces. La IGLESIA fue establecida en aquel inminente día de Pentecostés. ¿Había de ser esa IGLESIA, el establecimiento del Reino?

     "Señor", preguntaron, "¿restaurarás el reino de Israel en este tiempo?"

     Una vez más Jesús les explicó de la forma más clara que la Iglesia no es el Reino.

     "Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndole ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos" (Hechos 1:6-9).

     La comisión que Él dio a la IGLESIA fue de predicar su Evangelio a todo el mundo. Ellos habían de recibir el Espíritu Santo, que les engendraría como santos—como cristianos—colocándoles dentro de la Iglesia de Dios. Esto les infundiría el poder esencial para llevar a cabo la misión de la Iglesia. Pero ello NO constituía en sí el establecimiento del Reino de Dios. En cuanto a esto, ellos no habrían de saber el tiempo ni las sazones.

     ¿Qué quiso decir Jesús, al expresar: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones"? Eso lo explicó Él en una ocasión, según quedó registrado en Mateo 24:36. Entonces Él estaba hablando del fin de esta era, y de su segunda venida: "Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre". Él se refería aquí a su segunda venida, y al establecimiento del Reino, el tiempo del cual ningún hombre sabe, sino solamente el Padre.

     Sin embargo, aunque no sabemos, ni siquiera ahora, el día o la hora, ¡sabemos por las profecías de Dios, que está muy cerca! Note esto en Lucas 21:25-32: Él había estado prediciendo los acontecimientos del mundo—los que están empezando a ocurrir precisamente ahora, y que se traducirán en "angustia de las gentes" en los conflictos mundiales y guerras mundiales "con perplejidad"—"desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra"—caos mundial como el que nunca antes llegó a experimentarse. "Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

Las dos fatídicas alternativas

     Los trastornos de este mundo empezaron el año de 1914, con la Primera Guerra Mundial. Hubo una tregua desde 1918 hasta 1939. Nos encontramos ahora en la segunda intermisión. Pero ahora por fin hay una energía nuclear. Hay las bombas de hidrógeno acumuladas y en reserva, con tal capacidad y volumen, que podrían arrasar toda vida humana del planeta muchas veces. Y se cuenta además con otras dos armas destructivas capaces de deshacer a la humanidad en cualquier momento.

     Hoy en día los más destacados científicos afirman que solamente un super-gobierno mundial puede evitar el suicidio del mundo. Con todo, los HOMBRES no pueden y jamás podrán formar semejante gobierno de alcances mundiales.

      Es tiempo de que nos enfrentemos a la dura, fría, REALIDAD: La humanidad tiene dos alternativas: o bien existe un Dios Omnipotente , Todopoderoso que está a punto de intervenir y establecer su REINO para gobernar a todas las naciones con FUERZA sobrenatural y supernacional para producir la PAZ--¡o de lo contrario no quedará un solo ser humano con vida sobre la tierra (Mateo 24:22).

     Si el engaño religioso que se imagina que la Iglesia es el Reino de Dios está en lo cierto, y no existe, por lo tanto, la seguridad de un futuro GOBIERNO MUNDIAL sobrenatural, todopoderoso, que es el Reino de Dios, entonces la humanidad está totalmente sin ESPERANZA--¡toda la vida humana sería destruida! Pero medite en lo que dijo Jesús.

     ¿Puede CREER A JESUCRISTO?

     ¿Dónde reside su confianza, en la Palabra de Dios, o en las paganizadas, engañosas, vanas, doctrinas que falsamente se autonombran "cristianas"? ¿Seguirá usted creyendo las falsas enseñanzas heredadas como una "tradición cristiana"—que afirman que la Iglesia es el Reino de Dios o que el Reino es meramente un sentimiento obtuso, frívolo y etéreo "puesto en nuestros corazones"? El tiempo es ya muy corto y ha llegado la hora de que usted llegue a saber quiénes son los falsos profetas y QUIEN está proclamando la Palabra de Dios con toda fidelidad.

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